
Elana Meyers Taylor conquista el oro olímpico a los 41 años y da gloria a Dios tras una histórica victoria
La deportista estadounidense Elana Meyers Taylor alcanzó finalmente el sueño que había perseguido durante más de una década: su primera medalla de oro olímpica. Lo hizo en los Juegos de Invierno de Milán-Cortina 2026, en la prueba femenina de monobob, convirtiéndose en la medallista individual de oro más veterana en la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno.
Tras cinco participaciones olímpicas, dos bronces y tres platas, la victoria llegó en una de las finales más ajustadas registradas en la disciplina. Meyers Taylor superó a la alemana Laura Nolte por apenas cuatro centésimas de segundo. Su compatriota Kallie Humphries completó el podio.
Apenas cruzó la meta y confirmó el resultado, la atleta se arrodilló en la pista para orar.
“Estoy muy emocionada. Han sido años de trabajo y perseverancia”, expresó después ante la prensa. Reconoció que el oro no era una obligación, sino un anhelo que la impulsó a seguir adelante incluso en momentos difíciles.
En sus redes sociales compartió una imagen abrazando a sus dos hijos y escribió: “El momento por el que orábamos. Gloria a Dios”.
Una fe pública y constante
Meyers Taylor ha hablado abiertamente sobre su fe cristiana a lo largo de su carrera. En diversas entrevistas ha explicado que ora antes de cada competencia y que su objetivo va más allá de las medallas.
“Trabajo cada día para vivir de una manera que refleje a Cristo”, ha señalado en distintas oportunidades. Para ella, el deporte es una plataforma para testimoniar su fe, no el centro de su identidad.
En otra ocasión afirmó que no cree que su propósito sea simplemente ganar títulos, sino utilizar su posición para influir positivamente en otros.
Un camino marcado por luchas personales
Aunque creció en un hogar cristiano, su relación con la fe atravesó etapas de distanciamiento. Durante sus años universitarios, cuando jugaba sóftbol y aspiraba a una carrera profesional, enfrentó episodios de depresión y un trastorno alimentario.
Tras graduarse de la Universidad George Washington y jugar profesionalmente, reconoció que seguía sintiendo un vacío interior. En ese proceso comenzó a reflexionar profundamente sobre su fe.
En un testimonio compartido años atrás, relató que tuvo un momento decisivo en el que comprendió que necesitaba volver a Cristo.
En 2007 dejó el sóftbol y comenzó a entrenar en bobsleigh. Tres años más tarde debutó en unos Juegos Olímpicos. Desde entonces, su carrera ha sido constante, marcada por perseverancia y resiliencia.
Más que una atleta
Además de su trayectoria deportiva, Meyers Taylor ha ocupado roles de liderazgo en el ámbito deportivo femenino y ha abogado por la igualdad de oportunidades y la seguridad de los atletas.
Está casada con Nic Taylor, ex integrante del equipo estadounidense de bobsleigh. Se conocieron en un estudio bíblico y, según han contado públicamente, compartieron su bautismo poco antes de casarse.
La pareja tiene dos hijos. El primero nació con síndrome de Down y sordera; el segundo también presenta pérdida auditiva por una condición genética.
Estos son sus segundos Juegos Olímpicos como madre. En declaraciones previas, explicó que su motivación es también mostrar a sus hijos que los desafíos no determinan el futuro.
“Quiero que vean que pueden avanzar, incluso cuando las circunstancias no son fáciles”, expresó en una entrevista televisiva.
Una victoria con significado
El oro en Milán-Cortina no representa solo un logro deportivo tardío, sino la culminación de un proceso que incluyó derrotas, paciencia y convicciones firmes.
A sus 41 años, Meyers Taylor demostró que la perseverancia puede extender la carrera de un atleta más allá de lo esperado. Pero para ella, el resultado final no se mide únicamente en centésimas de segundo.
Su mensaje tras la competencia fue claro: gratitud, fe y propósito.



